La de los ojos verdes me tiene loca, en realidad es el de
los ojos café, pero ella, ella está como una cabra, y eso me encanta.
Ella, la de la melena al viento, castaña clara, rubia para
algunos, derrochando felicidad por donde pasa.
Le gusta la Fanta de naranja, sobre todo con ginebra, o con
ron, y me da a mí que al vodka tampoco le hace ningún desprecio. En el fondo,
ella se derrite por una crema de orujo
bien fresquita. Eso, para ella, la gloria.
En verano, se convierte en sirena, siempre la encontraras en
el agua, eso de las aguadillas le vuelve loca, y a mí me aterroriza. En esta
época, los días nublados, la veras con los labios pintados de chocolate, los gelatos siempre le juegan malas pasadas.
La risa y ella siempre van de la mano a todas partes, es su
fiel compañera, como ella para mí.
La distancia, eso que nos daba temor hace unos meses, eso
que nos parecía tan complicado, tampoco es para tanto. Hemos podido con ella, y
ella nos ha unido más que nunca, y mira que eso es difícil…
Que pasear por el Retiro está muy bien, ¿y la Arboleda?, ¿te
acuerdas de nuestros paseos? Siempre acompañados de chuches y charlas
interminables que nos llevaban a la plaza y, de ahí, al bar. Esto de los
calderos con granadina son puro vicio.
Los bares tiemblan las noches que salimos, entre los
cubatas, los chupitos, la última y nos vamos… esa, nuestra mayor mentira,
siempre quedan un par después, y así nos va al día siguiente, con la botella de
agua de la cama al sofá, y del sofá a la cama.
Vivan nuestras rarezas, nuestras ralladas, nuestras
inacabables conversaciones telefónicas, nuestras fotos, nuestras risas,
nuestras discusiones, y, sobre todo, nuestro AMOR, que todo lo puede. Y si él no lo puede, siempre nos
quedarán nuestros bombones lind, pero solo los rojos, somos así de exquisitas.
Y recuerda:
¡Arriba los brazos! Esto es un abrazo.