miércoles, 3 de mayo de 2017

RUBIA, PERO EN OCASIONES.

La de los ojos verdes me tiene loca, en realidad es el de los ojos café, pero ella, ella está como una cabra, y eso me encanta.
Ella, la de la melena al viento, castaña clara, rubia para algunos, derrochando felicidad por donde pasa.
Le gusta la Fanta de naranja, sobre todo con ginebra, o con ron, y me da a mí que al vodka tampoco le hace ningún desprecio. En el fondo, ella se derrite por  una crema de orujo bien fresquita. Eso, para ella, la gloria.
En verano, se convierte en sirena, siempre la encontraras en el agua, eso de las aguadillas le vuelve loca, y a mí me aterroriza. En esta época, los días nublados, la veras con los labios pintados de chocolate, los gelatos  siempre le juegan malas pasadas.
La risa y ella siempre van de la mano a todas partes, es su fiel compañera, como ella para mí.
La distancia, eso que nos daba temor hace unos meses, eso que nos parecía tan complicado, tampoco es para tanto. Hemos podido con ella, y ella nos ha unido más que nunca, y mira que eso es difícil…
Que pasear por el Retiro está muy bien, ¿y la Arboleda?, ¿te acuerdas de nuestros paseos? Siempre acompañados de chuches y charlas interminables que nos llevaban a la plaza y, de ahí, al bar. Esto de los calderos con granadina son puro vicio.
Los bares tiemblan las noches que salimos, entre los cubatas, los chupitos, la última y nos vamos… esa, nuestra mayor mentira, siempre quedan un par después, y así nos va al día siguiente, con la botella de agua de la cama al sofá, y del sofá a la cama.
Vivan nuestras rarezas, nuestras ralladas, nuestras inacabables conversaciones telefónicas, nuestras fotos, nuestras risas, nuestras discusiones, y, sobre todo, nuestro AMOR, que todo  lo puede. Y si él no lo puede, siempre nos quedarán nuestros bombones lind, pero solo los rojos, somos así de exquisitas.
Y recuerda:

¡Arriba los brazos! Esto es un abrazo.