Llega septiembre y, con él, la vuelta a la rutina. Atrás quedaran
los paseos en bici, los chapuzones veraniegos o las rutas en 600.
Lo bueno de este mes, es que comienza con una fuerte ilusión
y lleno de color en mi querido Almazán. ¡Qué mejor forma de despedir el verano
que con las fiestas de tu pueblo! Seis días cargados de emoción y sobre todo
alcohol, que no quieres que lleguen a su fin. Y, cuando llega el final, la
plaza se llena de abrazos y hasta prontos cargados de lágrimas.
Comienzan de nuevo las clases. Vuelves a tu segunda casa. Corres
por todos los lados en busca de tus amigos, esos que hace tanto que no ves,
esos que tanto has echado de menos y tienes mil y una cosas que contarles. Hay caras
nuevas. Y como no, tortilla para cenar.
Vuelve un nuevo curso. ¿Se acordaran de mi? ¿Habrá nuevos
compañeros? ¿Serán majos? Las dudas de siempre.
Soria, ¡no has cambiado nada! Sigues con tus bonitos
rincones insignificantes cargados de recuerdos.
Vuelven las salidas, ya sea jueves o sábado, e incluso
martes. Vuelve pasarse de la ralla. Vuelve comerse la cabeza, cada dos por
tres, y alguna que otra boca, de vez en cuando. Vuelven los amores imposibles,
y los pasados.
Vuelve septiembre. Y con él, nuevas experiencias.
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