Un día más. Otra noche más. No puedes dormir. Lágrimas inundan tus ojos. Tú cabeza se llena de recuerdos. Te rayas. Te rompes.
Resulta muy irónico que la persona que más quieres, es las que más daño puede hacerte. Igual es porque piensas que nunca lo hará. Pero ocurre. Aunque no lo creas. Aunque no lo quieras ver. Quítate la venda.
Tienes miedo. Mucho miedo. Piensas que todo el mundo es como tú y, por desgracia, eso no es así. No sabes como actuar. Te frustras. No puedes parar de llorar. Mandas todo a la mierda. Todo te sale mal.
Te vuelves fria. Indiferente. Te sientes decepcionada. No vuelves a ser la misma. Echas el freno. Te pones la armadura. No olvidas el escudo.
Intentas hacerte la valiente. No lo consigues. Es tú punto débil. Prefieres que te haga daño de nuevo. Te vulves suicida. Eres masoquista.
En resumen, eres idiota. Y tú, un cabrón.
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