Soria, la gran olvidada.
Soria, la que tiene pasión por el vino y los toros, la de la
Laguna Negra y el Monte Valonsadero.
Nunca imaginé que una ciudad tan pequeña podría ser tan
grande.
He descubierto, que las pequeñas cosas, en el fondo, pueden
ser muy grandes. Y creo que eso me ha pasado contigo.
He descubierto tu belleza paseando hasta San Polo,
recorriendo de punta a punta tu perfumada Alameda, viendo correr a las
ardillas.
He intentado comerme el mundo en cada una de tus calles, y
más de una boca alguna larga noche, a base de reggeaton lento, haciéndolo
despacito, en el bar más popular de la ciudad.
En el que nunca apareces,
en el que nunca te olvido,
en el que siempre te espero.
La gran lucha de llegar las madrugadas de invierno sana y
salva a la cama, sufriendo por sobrevivir, y por no haberla liado cuando te despiertes.
He aprendido a perder la vergüenza, a que la apariencia de
una persona dice muy poco de cómo es en realidad y sobre todo, que la vida es mejor con gente alrededor.
Que descubrir el mundo es muy bonito, pero lo realmente
bonito es descubrirlo en compañía.
A medida que el curso avanza descubres que la rivalidad
entre la Gaya y la Machado no es tan importante cuando conoces a alguno de tus
adversarios y descubres que no son muy diferentes a ti, e incluso pueden hacer
divertida una simple clase de psicología, que te rías a carcajadas con
cualquier chorrada.
Tú día a día se puede convertir en una continua batalla
campal, la que esperas que nunca termine, ya que las despedidas son más
dolorosas que te encajen de guarra el gol que les da la victoria en el
futbolín.
Es gratificante descubrir cosas nuevas a través de personas
que se hacen imprescindibles en la vida. Que los gamusinos existen. Que se
puede ser fanática de los calcetines, y de la Estrella, pero la Galicia. Que
Zazuar está en algún lugar del mundo. Que hay una morcilla sin arroz en un
lugar que ruge mucho. Que los openings son mejor que los clossenings en el mundo
de Natsu. Que los gatos son bonitos, aunque arañen. Que el cabrales es una
delicia, aunque no me guste. Que los abrazos inesperados son los mejores. Que
en verano, la sopa tiene mejor sabor con un toque de hielo fresquito. Y, sobre
todo, que el amor por tu tierra mueve montañas.
Ahora lo entiendo todo. Ahora entiendo a Machado en sus
poemas. He descubierto tu magia, Soria. Por fin puedo decir que me has
capturado y que sí, que sin duda Soria sí que es la gloria de España.
Me encanta Marga
ResponderEliminar¡Me alegro mucho! Gracias por leerme guapa.
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