martes, 21 de marzo de 2017

MARRONES

¡Qué bonita esta en otoño la Arboleda! El crujir de las hojas al vagar por su paseo. Los abuelos en los bancos. Los niños en los columpios.
Correr tras las ardillas se ha vuelto un gran entretenimiento. Eso de verlas trepar por la Dehesa mientras juegan  a pillarse, es muy gracioso.
Para los días de invierno, no hay nada mejor que pasar la tarde en la York, los chocolates con churros te dan la vida, eso sí, no pierdas el tiempo o te quedaras sin sitio.
Odio los días, esos, en los que el viento choca con las persianas y no paran de gritar. Esos en los que mi pelo me tapa los ojos, como si fuera una venda, y no me deja ver.
Ese granito de arena, ese del que yo hago un montón. El vaso medio lleno, el que yo veo medio vacío. Ese que siempre acaba vacío, recargado y por los suelos alguna noche sin frenos.
Dicen que siempre que una puerta se cierra, se abre una ventana. Igual, en ocasiones, se cambia la ventana por la cama.
Círculos viciosos, esos en los que caigo, me acuesto, me levanto y me vuelvo a acostar. Esos que son agujeros negros más que marrones.

Ese vicio por los ojos café, se convirtió en adicción.

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